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4. Casa Albás


Mi madre, doña Lola Albás, creció en esta casa. Mi bisabuelo, Manuel Albás Linés, se había afincado en Barbastro en 1830 y, en ese mismo año, inició un comercio de confitería en el sótano. Era una casa grande, en la que convivieron muchos hermanos con sus respectivos hijos, y por ello esta casa fue conocida también por el nombre de “la casa de los chicos”.

Casa Albás

La madre de san Josemaría, María Dolores Albás y Blanc, nació y vivió en lo que hoy es el conocido Restaurante – Frutería La bodega del Vero, un establecimiento que cuenta con frutas, verduras e ibéricos y quesos de gran calidad situado junto a la Plaza del Mercado.

Anteriormente, este edificio se conocía como la Casa Albás o la Fábrica de Chocolates. Se trataba de un comercio de ultramarinos, fundado por Manuel Albás, abuelo paterno de María Dolores. El establecimiento, que ocupaba la planta y el sótano, despachaba comestibles, confitería y artículos de droguería, como barnices o velas de cera.

Los Albás procedían de antiguas familias aragonesas, de la zona de Sobrarbe. Actualmente, muchos Albás siguen afincados en Aínsa, donde se conserva la casa solariega familiar. La familia materna, los Blanc, eran oriundos de Barbastro.

El abuelo de María Dolores, Manuel Albás Lines, nació en Boltaña en 1807. En 1830 llegó a Barbastro, donde contrajo matrimonio con Simona Navarro Santías, el 27 de abril de 1830; ambos tenían veintitrés años. Ese mismo año, Manuel Albás puso en marcha el comercio de ultramarinos, en lo que entonces era la calle Romero, número 20.

En la casa familiar de los Albás Navarro convivieron sus hijos y nietos, por lo que era conocida en Barbastro como “la casa de los chicos”. Era una familia numerosa: los padres de María Dolores tuvieron catorce hijos, de los cuales sobrevivieron nueve.

En la Casa Albás reinaba un ambiente familiar, de sólida vida cristiana. Este ambiente había marcado el carácter de Dolores desde muy niña: libertad, laboriosidad y nobleza. A María de los Dolores –así registrada en el Libro de Bautismos–, la llamaban, de pequeña, Lolita; y ya de mayor, doña Lola. Siguiendo una tradición familiar, Lolita pasó sus dos o tres primeros años al cuidado de un matrimonio de confianza, en el Pirineo aragonés.

Retrato al óleo de Dolores Albás